miércoles, 11 de octubre de 2017
Abusos de poder: Ideas para pensar y compartir
martes, 2 de octubre de 2012
50 años de ser Baeza & Menz
domingo, 13 de septiembre de 2009
Los libros y las elecciones presidenciales

lunes, 10 de agosto de 2009
Se cierran puertas...se abren ventanas
En mi libreta de notas de 4º Medio dice "Intereses: Antropología", así de claro. Pero las cosas en esa época -P.A.A. mediante- me llevaron a otro lado y el año 1990 yo era alumna de 1er año de Historia en la UCV. Así fue como partió esta historia, justo en el curso de Introducción a la Historia, que entonces daba Cavieres y que yo -era que no- reprobé, como también reprobé Introducción a la Geografía que hacía el inolvidable profesor Pedro Guerra. Inolvidable, entre otras cosas, porque con él entendí qué era la fenomenología cuando hacía el curso por segunda vez y me saqué un 7.0 en ese trabajo de hecho...y me empecé a dar cuenta que lo mío no estaba ahí. Cosa que me hizo entender definitivamente don Eduardo cuando me "torturó" en el examen con eso de "Defina el ser histórico, señorita!!!". Imposible, a hacer el curso de nuevo no más en el segundo semestre.
Ahí a Cavieres se le ocurrió que el trabajo final era analizar un documento, explicó que un documento no era necesariamente ese texto oficial construído como tal, sino que podía ser una carta, un libro, un edificio...y ahí estaba yo, agarrando justo el final de la lista ¡un edificio!, me pareció que era lo que mejor me podía resultar. Decidí abocarme a la Iglesia La Matriz, leí de su historia y me paseé por su interior, por el barrio, conocí incluso la sacristía, recorrí la iglesia tratando de que me hablara (la tarea incluí el descubrir cuánto nos puede contar un documento). Tuve el privilegio de subir al campanario y por entre las rendijas ver el puerto, un regalo simplemente. Me apliqué y, muy en onda UCV, hice el trabajo sobre hojas de papel kraft que yo misma corté y lo escribí con rápidograph a mano. Puse en su sitio cada imagen que tenía y escribí lo recopilado, pero también lo que yo había vivido, sentido, interpretado, le puse tanto cariño...y don Eduardo... zuácate que de nuevo me mandó a la porra: 4.0 y mejor búsquese otra carrera!!!. Y me decidí. Yo creo que sin querer lo que había hecho era un trabajo de antropología más que de historia.
Saco todo esto a colación porque estoy enfrentada a un desafío profesional en un estudio de restauración de la Capilla de Lo Vicuña (Putaendo) y cuando el arquitecto a cargo me contactó -gracias, mil gracias a los dos colegas involucrados en la recomendación- yo le comenté que he participado este año en varias propuestas del mismo tipo y ninguna ha ganado las licitaciones, y es un tema que me apasiona. Entonces él me dijo "a veces se cierran puertas y se abren ventanas"...y ahí estoy, tratando de que el edificio no se me venga encima (porque está que se cae y porque por Dios, parece que lo único que hace es agobiarme con preguntas y no dar respuestas) haciendo justamente una de las cosas que más me gusta y recordándome de ese momento clave de la vida que fue pasar por Historia de la ahora Pontificia UCV.
De verdad creo que uno no se da cuenta cómo se trazan los destinos, como los pequeños detalles nos vuelven lo que somos en este momento y lo que proyectamos. Entonces nunca me imaginé que Diva Donna sería buena amiga hasta ahora ¿te acuerdas de la apuesta que hicimos en la escalera de entrada a la escuela? en que lío nos metimos no?, par de zafadas. Ahora ella esgrime la educación como su bandera, y yo, mmm...el patrimonio cultural es mi vereda. De ahí no me saca nadie.
El fin de semana pasado mi ayudante de terreno me preguntó por qué diablos no había optado por algo más limpio (estábamos llenos de polvo mezclado con caca de palomas, guácalis!) pero solito se contestó que no era posible imaginarme en otra cosa. Y me pilló justo en ese momento en que me agarro la cabeza mirando el muro y preguntándome una y mil veces ¿pero que diantres fue primero? que se refleja en la foto. Todo esto porque este blog surgió cuando por enésima vez hacía esfuerzos por terminar mi tesis de arqueología. Y aquí vamos de nuevo, esta vez con el convencimiento que es desde Valparaíso y en Valparaíso, que estoy aquí y no allá ni acullá, y que como la vida es circular tal vez este es uno de los motivos por los cuales debía regresar.
jueves, 21 de mayo de 2009
La cosa es que creo de una u otra forma esa pulsera y la gente que me ha rodeado estos días ha manifestado alguno de los valores antes señalados, y mi tema es que yo tengo un problema con la materialidad, con el dejar evidencia ¿será que soy arqueóloga, ponte tú?. Porque le busqué a la pulserita en cuestión 7 partes y se las encontré, pero no la llevo porque tenga claro el significado que en este momento la sociedad le da, la llevo porque soy tan punky en ocasiones que es una forma de manifestar contrariedad...no sé si me entienden, es como ponerse un Chanel con bototos de milico (Chanel es bien punky si se mira con cuidado, a quien se le ocurrió que las mujeres debíamos usar traje pantalón, a ella pues!!!).
La pulsera para mí significa un nexo a una tribu, la de un grupo de 10 estudiantes del Liceo Nº 2 de Niñas de Valparaíso, (ocupábamos una fila entera en la sala de clases y creo que éramos insoportablemente pernas para las demás ¿se acuerdan de nuestro trabajo "psicológico" por lograr NO tener fiesta de graduación de vestido largo? y adivinen quienes se impusieron, já!), que si bien nos hemos ido perdiendo la pista, al menos las que siempre seguimos juntas llevamos ya más de 20 años de caminos juntas, de una u otra forma. Somos amigas hasta decir basta porque nos conocemos desde chicas y no hemos perdido ni la inocencia ni la picardía, ni la lealtad ni el derecho a guardar distancias, ni nuestras ideas como tampoco los sueños, que sabemos guardar secretos y decirnos brutalidades.
Porque es rico encontrarse con ellas y saber que puedes decir o hacer exactamente lo que quieres sin verguenza alguna. Por eso dejo esta nota con todo mi cariño y en su honor, a sabiendas que en la próxima junta una de ellas no se habrá enterado porque todavía no quiere superar lo de la internet, la otra se reirá y me dirá que me vino la nostalgia, otra lo encontrará lindo, lindo y la otra probablemente saldrá con un comentario que a Mafalda la deja como dulce niña. Me puedo equivocar, pero de sólo pensarlo ya me estoy riendo: habrá cerveza sobre la mesa, probablemente una chorrillana, muchos cigarros circularan, como también nuestros problemas personales, laborales, sentimentales, y la política nacional por supuesto. Y si alguna tiene una foto del liceo, que por favor me la mande, porque yo no tengo ninguna!!!
sábado, 2 de mayo de 2009
El privilegio de la profesión
A ratos he llegado a sentir que mi vida pasa como arriba de un bus y la carretera moviéndose afuera, que esa es la estructura mejor armada que tengo, la de los cambios en los terminales, la de que jamás se me olvida el café para llegar con mejor cara a destino, sea en El Bato o en Huanta, aunque en esta ocasión se me quedó y le hice empeño con el café instantáneo, pero que va, las resacas después de noches de juerga no se pasan igual sin cafeína verdadera y será por eso que al día siguiente Juanita parecía estar mirando siempre al sudeste. Esta vez me enseñaron que existía la Redbull, artilugio que no uso casi por principio, se agradece el gesto, pero para la próxima mejor ponerle un parelé antes como dice una amiga mía por ahí y asumir que a los 3o y tantos ya no se aguanta tanto, o acordarse de las vacas camino a la ordeñadora y disfrutar con la mejor sonrisa la salida de programa y trabajar como estaba programado al día siguiente.
Yo no sé ustedes, extraños y conocidos, pero mi tesis en esta ocasión es que no siempre somos capaces de darnos cuenta del privilegio de los pasos que damos, por grises que anden los días, ojalá que en nuestro fuero interno estemos construyendo algo más que ese único camino a la planta ordeñadora. Sin quitar el crédito a la noble vaca sin cuyo líquido lácteo no seríamos lo mismo.
Por eso he vuelto a escribir en el blog, que es algo asi como palabras al aire, a nadie y todos, al universo, para obligarme de alguna forma a evitar la propia línea, porque siempre hay más para dar, para crear, para disfrutar y compartir.
martes, 10 de junio de 2008
Retomando lo pendiente, en todos los sentidos
¿En los días nublados, qué vas a hacer?, eso dice una publicidad en el camino en la ruta 68. Un rato después me di cuenta a qué se refería. Perdí la costumbre de ver un cielo gris y que la llovizna moje y entender que no es el medio del invierno: es pleno verano. Perdí la costumbre de bajar por una vereda que no ha cambiado en 13 años, y que antes de eso ¡¡¡era igual!!! Que además no es plana, sino totalmente irregular, en la vertical y en la horizontal. Perdí la costumbre de hacer equilibrio sobre baldosas “modernas”, pero llenas de resbalosos deshechos de dudosa procedencia, desde frutas a vaya a saber uno qué. Perdí la costumbre de pararme mientras la micro vuela entre las curvas de Baquedano y después la Av. Alemania. También de subirse o bajarse en la pendiente, desde un colectivo asesino que sube/baja en línea recta, cuando la calle tiene curvas y, además, tiene doble sentido de tránsito.
Sin embargo, una vez puestos mis pies sobre la dichosa vereda y recordado mi cerebro que basta ponerse junto al chofer de la micro para que este se detenga en la próxima esquina, mi memoria empezó a trabajar. Y recordé cada casa y cada tramo de la maldita vereda. Me bastó la sensación de pegoteo sobre la piel para de inmediato oler el mar, el viento que corre y...perros, gatos y humanos que tiene la calle por su baño, súmale la basura dispersa.
Golpeé –nótese el gesto- y un rato después desde el patio vi las grúas del puerto, tal vez no se ve todo el puerto, pero se tiene un horizonte al frente. Pensé que por días, semanas e incluso meses, la única perspectiva que tuvimos fue el borde de los edificios.
Se me había olvidado, pero me acordaré rápido de cada detalle y los nuevos, los aprenderemos. Esto es pura fe. Dicen que, de una u otra forma, uno repite lo vio de sus padres. Ni la Sra. Juanita no Don Florentino nacieron en Valparaíso, sin embargo el amor de ellos es fruto de este puerto. Y además mi padre es santiaguino. Nosotros nos casamos en Valparaíso, porque era lo mío, lo nuestro. Carlos vivió un par de años en el cerro Concepción, antes de que fuera taquillero. Así que como dijo el poeta...vámonos a Valparaíso, reina del océano. Decisión tomada.
PD: escrito en febrero de 2008