En mi libreta de notas de 4º Medio dice "Intereses: Antropología", así de claro. Pero las cosas en esa época -P.A.A. mediante- me llevaron a otro lado y el año 1990 yo era alumna de 1er año de Historia en la UCV. Así fue como partió esta historia, justo en el curso de Introducción a la Historia, que entonces daba Cavieres y que yo -era que no- reprobé, como también reprobé Introducción a la Geografía que hacía el inolvidable profesor Pedro Guerra. Inolvidable, entre otras cosas, porque con él entendí qué era la fenomenología cuando hacía el curso por segunda vez y me saqué un 7.0 en ese trabajo de hecho...y me empecé a dar cuenta que lo mío no estaba ahí. Cosa que me hizo entender definitivamente don Eduardo cuando me "torturó" en el examen con eso de "Defina el ser histórico, señorita!!!". Imposible, a hacer el curso de nuevo no más en el segundo semestre.
Ahí a Cavieres se le ocurrió que el trabajo final era analizar un documento, explicó que un documento no era necesariamente ese texto oficial construído como tal, sino que podía ser una carta, un libro, un edificio...y ahí estaba yo, agarrando justo el final de la lista ¡un edificio!, me pareció que era lo que mejor me podía resultar. Decidí abocarme a la Iglesia La Matriz, leí de su historia y me paseé por su interior, por el barrio, conocí incluso la sacristía, recorrí la iglesia tratando de que me hablara (la tarea incluí el descubrir cuánto nos puede contar un documento). Tuve el privilegio de subir al campanario y por entre las rendijas ver el puerto, un regalo simplemente. Me apliqué y, muy en onda UCV, hice el trabajo sobre hojas de papel kraft que yo misma corté y lo escribí con rápidograph a mano. Puse en su sitio cada imagen que tenía y escribí lo recopilado, pero también lo que yo había vivido, sentido, interpretado, le puse tanto cariño...y don Eduardo... zuácate que de nuevo me mandó a la porra: 4.0 y mejor búsquese otra carrera!!!. Y me decidí. Yo creo que sin querer lo que había hecho era un trabajo de antropología más que de historia.
Saco todo esto a colación porque estoy enfrentada a un desafío profesional en un estudio de restauración de la Capilla de Lo Vicuña (Putaendo) y cuando el arquitecto a cargo me contactó -gracias, mil gracias a los dos colegas involucrados en la recomendación- yo le comenté que he participado este año en varias propuestas del mismo tipo y ninguna ha ganado las licitaciones, y es un tema que me apasiona. Entonces él me dijo "a veces se cierran puertas y se abren ventanas"...y ahí estoy, tratando de que el edificio no se me venga encima (porque está que se cae y porque por Dios, parece que lo único que hace es agobiarme con preguntas y no dar respuestas) haciendo justamente una de las cosas que más me gusta y recordándome de ese momento clave de la vida que fue pasar por Historia de la ahora Pontificia UCV.
De verdad creo que uno no se da cuenta cómo se trazan los destinos, como los pequeños detalles nos vuelven lo que somos en este momento y lo que proyectamos. Entonces nunca me imaginé que Diva Donna sería buena amiga hasta ahora ¿te acuerdas de la apuesta que hicimos en la escalera de entrada a la escuela? en que lío nos metimos no?, par de zafadas. Ahora ella esgrime la educación como su bandera, y yo, mmm...el patrimonio cultural es mi vereda. De ahí no me saca nadie.
El fin de semana pasado mi ayudante de terreno me preguntó por qué diablos no había optado por algo más limpio (estábamos llenos de polvo mezclado con caca de palomas, guácalis!) pero solito se contestó que no era posible imaginarme en otra cosa. Y me pilló justo en ese momento en que me agarro la cabeza mirando el muro y preguntándome una y mil veces ¿pero que diantres fue primero? que se refleja en la foto. Todo esto porque este blog surgió cuando por enésima vez hacía esfuerzos por terminar mi tesis de arqueología. Y aquí vamos de nuevo, esta vez con el convencimiento que es desde Valparaíso y en Valparaíso, que estoy aquí y no allá ni acullá, y que como la vida es circular tal vez este es uno de los motivos por los cuales debía regresar.