martes, 2 de octubre de 2012

50 años de ser Baeza & Menz

La Señora Juanita y Don Florentino son mis padres, así les dicen cariñosamente quienes los conocen de cerca. Mi madre es enfermera y mi padre profesor de matemáticas, ambos estudiaron sus profesiones en la entonces Sede Regional de la Universidad de Chile. Si bien mi padre es santiaguino y mi madre valdiviana, fue en Valparaíso que se encontraron, se enamoraron y formaron esta familia, que somos los Baeza Menz: primero nació Adrián, diez años más tarde nací yo y cuatro años después, Miguel Ángel. 

Hace 50 años atrás, un día 26 de septiembre de 1962, nuestros padres se casaron aquí, en la ciudad de Valparaíso. En ese entonces ninguno de nosotros se imaginaba, en el lugar misterioso que antecede a que pongamos los pies en la tierra, que seríamos sus hijos y que por lo tanto vendríamos en ser hermanos. 

 El origen de la historia pasa porque Juanita, entonces terminando el liceo, tenía un profesor particular de matemáticas que no pudo seguir haciéndole clases y le recomendó continuar con su amigo, Florentino. Así se enamoraron y se decidieron a escribir su historia de amor en Valparaíso. 

Mientras pololearon, la gran quebrada que divide el Cerro Alegre del Cerro Cordillera separaba las casas de cada uno. Ellos cuentan que uno de sus puntos de encuentro era en los bancos al costado de la Plaza de Justicia, y que además podían verse desde sus ventanas, él en su pensión de estudiante universitario en la calle Higueras y ella, en la casa de mi abuela sobre la calle Canal. 

¿Por qué insisto en lo porteño? Porque sé que para ellos no es un tema menor, aman esta cuidad y esa emoción han logrado de una u otra forma traspasármela. Sé que tuvieron oportunidades a lo largo de esta vida juntos para cambiar el lugar de residencia, pero optaron por quedarse aquí. El gran cambio para ellos fue pasar de la casa en el cerro al departamento en el plan y, más que eso, creo que será muy difícil que cambien sus costumbres. Sin embargo, gran parte de sus trámites y compras los hacen en Viña del Mar, uno puede apostar y no pierde que un día sábado por la mañana están recorriendo el barrio de 5 Norte o tomando café en la Avenida Valparaíso. 

Pero mis padres no serían justamente mis padres sino hicieran sus compras mensuales en la Gran Bodega Pedro Montt, de los amigos Bacigalupo, frente a la Plaza O'Higgins, donde se compran los ingredientes del pan de pascua y la serie de cosas ricas que conforman su “despensa marinera”, o mi dosis de café Musetti, que mensualmente recibo agradecida. O si pensando en un almuerzo especial, mi mamá no fuera un día jueves justo después de las 15 horas, a la Cecinería Setmacher, la chanchería le decimos, de donde obtiene el lomo kassler o el corte de costillar tal y como ella lo quiere. Si se trata de encontrar un regalo especial o renovar la loza o cristalería, no dudará mi papá en visitar El Olivar, donde se regocija de tanta cosa linda. Y bueno, mi madre es una clienta fiel de la Casa Mirador y Fiorentina (o su versión viñamarina, Ma Stampa) donde me enseñó a comprar ropa de mujer y el lugar en el que encontré el vestido que hoy escogí llevar, como de seguro la tenida que ella hoy lucirá. 

Esos son los lugares que por el momento recuerdo, porque muchos ya han quedado atrás en la memoria porteña, pero con ellos los recorrí de pequeña y me enseñaron a valorar el comercio y la producción local, a querer esta ciudad. Y de hecho, después de vivir 16 años en Santiago volví a Valparaíso y estoy absolutamente convencida que este es mi lugar del mundo, y particularmente porque ellos siguen aquí. 

Hoy en día miran el mar desde su departamento en el piso 15, frente a las bodegas de Simón Bolívar y el Muelle Barón, donde están más informados que nadie del movimiento portuario y desde donde, cada noche de 31 de diciembre, se regocijan de su vista sobre la bahía y los fuegos artificiales. 

Este 29 de septiembre nos reunimos para celebrarlos. Personalmente creo que no sólo porque cumplan 50 años de matrimonio que es algo que me deslumbra, sino también me parece que ellos se han caracterizado por ser sumamente discretos con su propia historia y más que nada, siempre han estado dispuestos para atender y celebrar a otros. En las circunstancias que fueran, mis padres siempre han sido personas de entregar parte de sí para que los demás se encuentren mejor o se sientan contentos. Aunque en ocasiones las clases de matemáticas o la colocación de inyecciones no fueran justo el mejor panorama, han sabido muy bien como contrarrestar el efecto ingrato que pueden tener esas instancias y ganarse el afecto de mucha gente. 

Verlos caminar siempre tomados del brazo por la calle, encontrarse para tomar un café sólo por el gusto de hacerlo, ser testigos de que nunca han podido dormir separados y de que siempre se han saludado con un beso en los labios. Esos son mi papás. Los que también siempre han invitado a su casa a quienes quieren y atienden visitas con dedicación, quienes han sido compañeros en dulces y amargas partes de la vida, pero que nunca han hecho una celebración pública de sí mismos y de su historia de amor, y se la merecen. 

Así que en eso estaremos hoy con quienes han pasado la mayor parte de sus 50 años juntos y que son nuestra familia. No estarán todos los que quisiéramos, pero sabemos que el corazón está extendido y puede llegar tanto a Santiago de Chile, como a Puerto Varas, Antofagasta, Buenos Aires o justo al otro lado del mundo, en un lugar de Australia. 

A mis padres, todo el amor y el agradecimiento por haberme permitido ser justamente esta mujer que hoy soy. Siempre, Juanita Isabel.

3 comentarios:

gmvillega dijo...

...esos son los imprescindibles, cuesta encontrar palabras cuando se quiere reconocer tan connotados porteños, cuando los sentimientos se arremolinan con los recuerdos, con la interconsulta, con la benzetacil, con el estudio dedicado de las matemágicas de mi tío, es cierto no pudimos estar para la foto, para compartir el momento, estamos y están en nuestro recuerdo permanente, en la memoria y en el día día, en las historias compartidas, en la importancia de su presencia, en lo notable de su amor y su amistad, para con todos. Me los saludas nuevamente y les das un fuerte abrazo.

gmvillega dijo...

...esos son los imprescindibles, cuesta encontrar palabras cuando se quiere reconocer tan connotados porteños, cuando los sentimientos se arremolinan con los recuerdos, con la interconsulta, con la benzetacil, con el estudio dedicado de las matemágicas de mi tío, es cierto no pudimos estar para la foto, para compartir el momento, estamos y están en nuestro recuerdo permanente, en la memoria y en el día día, en las historias compartidas, en la importancia de su presencia, en lo notable de su amor y su amistad, para con todos. Me los saludas nuevamente y les das un fuerte abrazo.

Mariana dijo...

Muy emocionante fue leer tus lindas palabras, recordé ese re encuentro en el terminal de buses, había mucho cariño en sus miradas,y como tu dices nos atendieron como reyes, conversamos mucho y me habría gustado poder pasar más tiempo con ellos............ Escuchar sus historias que con tanta pasión cuentan.
Los deje con la sensación de que ellos están muy orgullosos de sus hijos, lo cual hace que tus palabras sean escritas con tanto amor .
Les doy gracias a mis tíos por haberme dado primos como Uds. y aunque los años y la geografía nos separaron, siento el cariño.