martes, 10 de junio de 2008

Retomando lo pendiente, en todos los sentidos

¿En los días nublados, qué vas a hacer?, eso dice una publicidad en el camino en la ruta 68. Un rato después me di cuenta a qué se refería. Perdí la costumbre de ver un cielo gris y que la llovizna moje y entender que no es el medio del invierno: es pleno verano. Perdí la costumbre de bajar por una vereda que no ha cambiado en 13 años, y que antes de eso ¡¡¡era igual!!! Que además no es plana, sino totalmente irregular, en la vertical y en la horizontal. Perdí la costumbre de hacer equilibrio sobre baldosas “modernas”, pero llenas de resbalosos deshechos de dudosa procedencia, desde frutas a vaya a saber uno qué. Perdí la costumbre de pararme mientras la micro vuela entre las curvas de Baquedano y después la Av. Alemania. También de subirse o bajarse en la pendiente, desde un colectivo asesino que sube/baja en línea recta, cuando la calle tiene curvas y, además, tiene doble sentido de tránsito.

Sin embargo, una vez puestos mis pies sobre la dichosa vereda y recordado mi cerebro que basta ponerse junto al chofer de la micro para que este se detenga en la próxima esquina, mi memoria empezó a trabajar. Y recordé cada casa y cada tramo de la maldita vereda. Me bastó la sensación de pegoteo sobre la piel para de inmediato oler el mar, el viento que corre y...perros, gatos y humanos que tiene la calle por su baño, súmale la basura dispersa.

Golpeé –nótese el gesto- y un rato después desde el patio vi las grúas del puerto, tal vez no se ve todo el puerto, pero se tiene un horizonte al frente. Pensé que por días, semanas e incluso meses, la única perspectiva que tuvimos fue el borde de los edificios.

Se me había olvidado, pero me acordaré rápido de cada detalle y los nuevos, los aprenderemos. Esto es pura fe. Dicen que, de una u otra forma, uno repite lo vio de sus padres. Ni la Sra. Juanita no Don Florentino nacieron en Valparaíso, sin embargo el amor de ellos es fruto de este puerto. Y además mi padre es santiaguino. Nosotros nos casamos en Valparaíso, porque era lo mío, lo nuestro. Carlos vivió un par de años en el cerro Concepción, antes de que fuera taquillero. Así que como dijo el poeta...vámonos a Valparaíso, reina del océano. Decisión tomada.

PD: escrito en febrero de 2008

1 comentario:

Unknown dijo...

Amiga, Valparaíso te llamaba y tú seguiste el llamado, ten en cuenta que los recuerdos a veces nos permiten remontarnos al pasado pero nos hacen perder el horizonte en el presente. Recuerda que Valpo. son emociones, grandes pasiones, inicios de proyectos, sueños que se esfumaron y grandes amistades.
Te quiero mucho, Carol.