domingo, 13 de septiembre de 2009

Los libros y las elecciones presidenciales


Hace dos meses atrás comencé a leer "Diario de mi residencia en Chile en 1822" escrito por la inglesa María Graham, que arribó a Valparaíso luego de que su marido Thomas Graham, comandante de la fragata Doris, falleciera abordo de la nave en el Cabo de Hornos y ella evitara que, como se hacía entonces, su cuerpo fuera lanzado al mar, llegando hasta este puerto para ser enterrado en el Castillo San José y bajo los rituales anglicanos, obviamente. El libro en cuestión es usado como un documento de la época, lo he consultado para buscar datos útiles en arqueología histórica muchas veces, pero en esta ocasión decidí disfrutarlo como un libro de literatura más, aunque fijándome en lo tocante a no ser católico en Valparaíso, a propósito de mi proyecto de memoria de título. Me fui encariñando con María, como me pasa a menudo con los libros y los personajes que viven en ellos cuando me atrapan, siento que si los cierro dejan de vivir todo ese rato que los abandono, y que me llaman cada noche desde el velador, o desde mi bolso en los viajes...creo que mientras uno lee un mundo entero, obviamente paralelo, se anima y somos partícipes de aquello. Pero llega inevitable el momento en que tenemos que cerrar el libro porque su lectura termina y en esta última lectura llegué a provocar risas diciendo "¡No quiero que la Graham se vaya de Chile!". Quería que me contara más cosas de las que vio, no sólo porque me son útiles para entender los objetos arqueológicos, sobre su procedencia, usos y materialidades, sino porque me mostraba imágenes de este país que me impresionaban en los contextos cotidianos actuales. Por ejemplo, que Bernardo O'Higgins hablaba mapuche, y de corrido pues ¿Alguno de nuestros últimos Presidentes lo hace?, me pueden contestar que entonces era necesario porque el Director Supremo tenía que tratar con ellos...mira tú qué cosa, ahora es más o menos lo mismo no más y de hecho, esa historia no ha cambiado casi nada. En Talagante, la Graham estuvo en la casa de un Cacique y se preguntó cómo debía dirigirse a él porque era una autoridad, a ella no le cupo duda al respecto. Otras cosas más "livianas" (y de mina me aseguararán) es que me parece que a esta viuda en algún momento se conmocionó con Lord Cochrane...véanse esas líneas en que se refiere a él con admiración profunda, como buena mujer sabe decir pero ocultar al mismo tiempo. Si bien el dolor por la pérdida de su marido era infinito, supo levantar la cabeza y disfrutar de la brisa y el paisaje en un paseo por Quintero (a la terremoteada casa de Cochrane y en su compañía además) con manifiesta sensibilidad. Demoré en las últimas 10 páginas como hace tiempo no lo hacía con un libro...pero la Graham se tenía que ir no más. Y entendí que en la vida, hay un momento en que se debe dar vuelta la página, en que se cierra el libro. Ella tenía su destino trazado hace 187 años atrás para ser exactos y siguió rumbo a Río de Janeiro para regresar a su Inglaterra. Llevó semillas y bulbos de plantas que después germinaron en jardínes ingleses, siendo una evidencia tangible de su cariño por el extraño lugar al que debió aferrarse para pasar las penas que se le cruzaron en el camino. Abriré entonces otro libro para vivir otras historias que me provocarán otras emociones, me acompañarán en otros viajes, me harán entender otras cuestiones, volveré a repasar lo olvidado o servirán para inventar cosas antes no imaginadas. Sentada en el café de la semana, como en muchas conversaciones que se tienen hoy en día, me preguntan por quién votaré en la próximas elecciones. Por fin escucho un comentario que me remece sobre qué es lo que debiéramos exigirle a un nuevo Presidente: que le quiten el impuesto a los libros. El conocimiento es poder, es tan poderoso no quitar la carga impositiva a los libros como entregarte un baúl de libros con una selección hecha por otros, diciendo lo que debes leer. O sea, la restricción al conocimiento está puesta de forma evidente desde los gobiernos. Y eso que ni siquiera me asomo en temas como el sistema de educación, que ya más vilipendiado no puede estar. Sólo quisiera agregar que por años ví como alumnos de primer año de la Universidad entraban con altos, cada vez más altos puntajes a la carrera, pero que eso no guardaba relación alguna con su escasa capacidad de comprensión de lectura, de responder preguntas de forma coherente empleando adecuadamente tiempos verbales, sustantivos, adjetivos, qué podría decir de la ortografía...era un reflejo más que evidente de que las cosas no iban bien, o que algunos planes están dando resultados. Hay trabajos de difusión cultural que nos han maravillado, como la página www.memoriachilena.cl ¿Cuántos viajes ahorrados a la Biblioteca Nacional? ¿Cuántas horas ganadas con tan sólo hacer click sobre el libro que necesitamos? Pero saben qué, queremos y necesitamos más que eso. Me encontré con una cita en la página www.elultimolibro.net que me parece interesante compartir en este caso: "La información quiere ser libre porque se ha vuelto tan fácil de distribuir, copiar y recombinar que es demasiado barata como para contar. Quiere ser cara porque puede ser de inmensurable valor para el receptor. Esta tensión no desaparecerá. Esto conduce al interminable y desgarrador debate sobre los precios, los derechos de autor, la «propiedad intelectual» y la rectitud moral de la distribución informal ya que cada ronda de nuevos dispositivos hace que la tensión sea peor, no mejor" (Steward Brand, 1984). Y les recomiendo la página citada, visítenla, seguro encontrarán algo de su interés. Y volviendo al origen de todo esto: los libros, los impuestos, el poder, el amor, la aventura (para mí si es de piratas, ¡mejor!), y las elecciones presidenciales de nuevo. Una historia se deja atrás y otra abre una ventana mirando el mar, pienso además en todos esos libros que no llegan a estos lares por temas de distribución y honestamente me da pena y rabia al mismo tiempo, sólo imaginarme las horas que podría pasar indecisa en una librería de Buenos Aires. Si el candidato me dice que elimina los impuestos en cuestión, votaría por primera vez con alguna tranquilidad, mientras tanto ese gesto técnico de la rayita junto a su nombre está mediado por pura incertibumbre.

1 comentario:

Francisca dijo...

Te dejo invitad@ a escuchar el podcast de los blogs "¡Larga vida al Blog!"
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