Claro, la cosa es que ya es abril y no puedo decir que estoy donde mismo porque ahora mi tesis de título se ha reducido a exactamente 26 palabras que conforman un esquema que debe ser de los mejores que he hecho: corto, claro y sencillo. Mi problema es que a pesar de lo buena para escribir que soy, no logro rellenar los campos que debiesen ir bajo cada una de las ideas ahí expuestas.
Viéndolo de otra forma, parece que para escribir de arqueología la relación entre mi cerebro -que no ha dejado de estar elucubrando una y mil posibilidades- y mis dedos en el teclado, no se da con la fluidez con la que me salen otros cuentos. Claro, ahora me pueden retar no más por estar escribiendo en este psicótico espacio que he encontrado.
Por otro lado ya me puse una trampa más en el camino y tomé un curso sobre imperio y territorio americano en el siglo XVI, lo siento, es lo que ví y no me pude resistir a pensar que no estar ahí sería lo errado. Vaya lo mismo para el Coloquio de Afroamericanos en la historia de Chile, pero es que sino lo hago me empiezo a poner viejita y se me van olvidando las cosas.
Por algo que no recuerdo no terminé de escribir este texto, pero el coloquio de afroamericanos (¿cuando diremos afrochilenos?) estuvo muy bueno en cuanto a repensar el tema que había planteado (el reconocimiento de la presencia afro en los contextos arqueológicos), ya que ahora tengo más pistas y más preguntas y además porque las conversaciones surgidas con los otros participantes me abrió la cabecita a otras inquietudes: ya sé, ya sé...que me titule primero, si en eso andamos...
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